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Los Juegos Olímpicos

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Los Juegos Olímpicos

Notapor diego el Sab Ago 09, 2008 11:41 pm

Juegos Olímpicos / La ceremonia de apertura
Pekín conmovió al mundo
La capital china deslumbró con un espectáculo sin precedente por su majestuosidad, con un despliegue visual, artístico y técnico extraordinario

Por Juan Manuel Trenado
Enviado especial

PEKIN.- El propósito se cumplió. China necesitaba conmover al mundo en estos XXIX Juegos Olímpicos. Y tomó su primera oportunidad, la ceremonia de apertura, para montar un espectáculo de sorprendentes trucos tecnológicos y explosión pirotécnica difícil de olvidar. Todo fue impactante y abrumador. Y fue seguido por TV por unos cuatro mil millones de personas.

En el palco oficial del Estadio Nacional, más conocido como Nido de Pájaro, observaron George Bush, Nicolas Sarkozy, Vladimir Putin y los príncipes Máxima y Guillermo, como figuras destacadas en una lista con más de 50 mandatarios. Por la Argentina asistieron el Secretario de Deportes, Claudio Morresi, y el embajador argentino aquí, César Mayoral. Todos tuvieron ante sus ojos un show de esos que encandilan, imposible de despreciar. El juego de seducción que desde hace tiempo está en marcha entre las grandes potencias tuvo anoche una fiesta internacional, convergente.

A Hu Jintao, presidente chino, se lo vio sentado junto a Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, y cerca también del catalán Juan Antonio Samaranch, ex presidente del COI, el hombre que hace siete años impulsó la candidatura de Pekín. Unas 91.000 personas estuvieron presentes en el colosal estadio e interactuaron con la fiesta, mediante un kit de herramientas que esperaba en cada butaca de aquellos que pagaron su entrada. Allí había una linterna, una antorcha con luces parpadeantes y banderas para acompañar distintos números del espectáculo.

Había sido un despertar distinto para China. "Bienvenido mundo", fue el titular de la portada del China Daily. Porque de eso se trata todo esto. Para el gigante asiático, que amenaza con abrazar al mundo con su formidable y sostenido crecimiento económico interno, no hay nada más importante que fortalecer sus vínculos internacionales.

Desde temprano hubo en el aire una efervescencia especial. Con controles férreos pero no agresivos, el movimiento de las 91.000 personas que se acercaron al estadio fue tranquilo y sin inconvenientes. Militares y policías estuvieron por cada lugar. Los comercios se cerraron, así como los sitios y monumentos históricos más importantes (La Ciudad Prohibida, la plaza Tiananmen, etc.), con el fin de evitar manifestaciones.

La conducción artística estuvo a cargo del cineasta chino Zhang Yimou. En su espectáculo intentó mezclar la milenaria tradición China con su búsqueda del futuro. Comenzó con una decena de acróbatas bajando desde el techo del estadio por intermedio de un sistema de rieles y cables, cruzando ante una pantalla en la que se desplegaron los anillos olímpicos.

Luego participaron unos 14.000 actores. Hubo tres momentos salientes: 1) la cuenta regresiva con centenares de tambores que se iluminaban ante cada golpe de percusión, en un acto de coordinación admirable; 2) el despliegue de un pergamino chino, en el que se proyectaron imágenes como hologramas en el centro del estadio, que tenía un nivel subterráneo del que emergieron fantásticas pruebas de destreza, y 3) el explosivo final con fuegos artificiales que retumbaron como truenos por toda la capital.

El enorme Yao Ming (2,26 m), con bandera en mano, se distinguió por sobre todos y provocó un estallido de júbilo cuando la numerosa delegación local hizo su desfile. El grito: "¡Yao, Yao!" se oyó tan fuerte como la pirotecnia y los flashes repiquetearon enceguecedores. Con la exclusión de Brunei, que finalmente no registró a ningún atleta, desfilaron 204 países.

Para el final quedó la revelación del misterio del encargado de encender el fuego olímpico. El privilegio cayó en manos del ex gimnasta Li Ning, tres veces ganador de medallas de oro en Juegos Olímpicos y dueño de la marca que lleva su nombre y que viste, entre otros, a la selección argentina de básquetbol aquí en Pekín. Li Ning, de 44 años, nació en Guangxu, una de las provincias chinas más pobres del gigante asiático, y pasó de las carencias absolutas a convertirse en un empresario hoy multimillonario.

Li Ning también quedó suspendido en el aire por los cables que lo llevaron en un recorrido inolvidable en una vuelta olímpica por el techo del Nido de Pájaro, para encender finalmente un pebetero con forma de antorcha.

Los analistas internacionales dicen que China es el futuro. Que con su proceso de apertura comenzará una nueva era. De ser así, el 8 de agosto de 2008, con la excusa de los Juegos Olímpicos, quedará grabado para siempre.

* En los EE. UU. la disfrutaron en diferido
La ceremonia inaugural fue transmitida en diferido en los Estados Unidos, debido a que los derechos de los Juegos en el país del Norte son propiedad de la cadena NBC, que decidió postergar 12 horas las imágenes para captar una mayor audiencia.

* La canción de los Juegos, develada
Recién ayer la canción oficial de los Juegos, "You and Me", fue presentada públicamente. Los encargados de entonar el himno de Pekín 2008 fueron el cantante de pop chino Liu Huan y la británica Sarah Brightman.

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Re: Los Juegos Olímpicos

Notapor diego el Sab Ago 09, 2008 11:44 pm

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Los ojos del planeta se centraron por unas cuatro horas en el corazón del gigante asiático; fue una combinación de arte y técnica que superó las expectativas

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El gran momento: Li Ning, subido con un arnés, da una vuelta por el estadio en las alturas, enciende la mecha y el pebetero ilumina a Pekín

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Re: Los Juegos Olímpicos

Notapor diego el Sab Ago 09, 2008 11:47 pm

UNA EXPERIENCIA EXTRAORDINARIA QUE SACUDIO EL CORAZON DE TODOS
La fiesta que conmovió a los argentinos
Ginóbili fue el abanderado y captó miles de saludos y de miradas. Lideró a un grupo que le puso un toque celeste y blanco a la ceremonia inaugural.

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Emanuel Ginóbili agitaba la bandera como un hincha de fútbol en una popular. El judoca Eduardo Costa saltaba como si fuera un eterno compañero de tribuna de Manu. David Nalbandian cantaba "Ohh, Argentina, es un sentimiento, no puedo parar" y, cerca suyo, el atleta Germán Lauro pensaba en su familia y en sus amigos y en todos los que le desearon suerte antes de venir hacia aquí. Andrés Nocioni agitaba sus brazos con los gestos de un fanático. Ajeno a las luces de la fama, el palista Miguel Correa se deshacía en asombros y cantaba fuerte el clásico "Vamos, vamos, Argentina; vamos, vamos, a ganar; que esta barra quilombera, no te deja, no te deja de alentar". La emoción se apoderó por igual de los profesionales y de los amateurs, de los que ganan millones por trabajar de deportistas y de los que tienen que desdoblarse y hacer esfuerzos enormes para poder competir. Para los aletas argentinos, la ceremonia inaugural de los Juegos fue una fiesta a la medida de sus más fuertes sensaciones.

Así como la delegación suiza fue ovacionada porque su abanderado fue Roger Federer, los atletas argentinos fueron aplaudidos de una manera muy especial porque Ginóbili, el encargado de portar el emblema celeste y blanco. Manu también es muy reconocido por los chinos.

Tal como estaba previsto, los más de 100 atletas argentinos que participaron de la ceremonia en el imponente estadio El Nido, se juntaron en la Villa Olímpica a las 18.30. Una hora después, partieron hacia el Nacional Indoor, un estadio que está pegado al escenario de la fiesta de apertura.

Impecablemente vestidos de blanco (los varones con pantalones y camisas manga corta, y las mujeres, con polleras y camisas), los deportistas vivieron la previa en las tribunas del estadio cerrado y con la ansiedad de quien está ante uno de los momentos más esperados de su vida. Se sacaron fotos, filmaron, cantaron, intercambiaron asombros.

Más de uno se sintió un privilegiado al ver in situ cómo Kobe Bryant atravesó 80 metros para saludar a los cuatro argentinos NBA: Ginóbili, Nocioni, Luis Scola y Fabricio Oberto.

A las 7,50, cuando los griegos fueron llamados para arrancar con el desfile, sintieron la primera gran explosión de la noche. Fueron todas sensaciones auditivas y del corazón, ya que desde allí no podían ver lo que ocurría en El Nido. Antes de entrar (lo hicieron en el puesto 107 sobre 204 delegaciones), contemplaron cinco minutos de la fiesta en pantallas gigantes.

El momento más fuerte fue cuando Ginóbili recibió la bandera. Todos estallaron al grito de "Ohh, Argentina, es un sentimiento, no puedo parar". Ya al ingresar al estadio, detrás de Manu se ubicaron catorce filas de diez integrantes cada una. En la primera estuvieron Las Leonas: Gerardo Werthein (jefe de misión), María de la Paz Hernández, Alejandra Gulla, Paola Vukojicic, Soledad García, Mariana González Oliva, Luciana Aymar, Magdalena Aicega, Mercedes Margalot y Mario Moccia (segundo jefe de misión). Y en el fondo quedó el equipo de básquet. Pablo Prigioni vivió una situación particular. El base se retrasó sacando fotos hacia la tribuna donde estaba la cámara de la TV argentina, y un representante de la organización le pidió, con esos buenos modales tan propios de los voluntarios chinos, que siguiera desfilando porque estaba comenzando a mezclarse con la delegación siguiente.

Todos se quedaron hasta que terminó la fiesta, que duró más de cuatro horas. Y ninguno dejó de conmoverse cuando Las Leonas se fundieron en un abrazo interminable. Para muchas de ellas, como Aymar y Aicega, serán sus últimos Juegos. Ellas suelen potenciarse ante situaciones así. Sin quererlo, tal vez también le contagiaron todo su coraje a los demás.
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Re: Los Juegos Olímpicos

Notapor diego el Sab Ago 09, 2008 11:49 pm

INAUGURACIÓN EXTRAORDINARIA DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS
Una ceremonia como para hacer temblar al mundo

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Fue como se preveía y mucho más: la fiesta de apertura de los Juegos valió la pena por sí misma y también como símbolo del futuro que viene. 15.000 artistas en escena, 30.000 fuegos artificiales y una fiesta de cien millones.

Andrés Burgo, desde Pekín

El 8 del 8 del 8 ya llegó, y lo que para los chinos era numerología de buen augurio, para una periodista de Letonia es un desastre: la chica no aguantó más el calor y se desmayó en el palco de prensa. Para el comienzo de Pekín 2008 faltaban 8 minutos.

La rubia se perdió algo para lo que no existe un nombre preciso. No fue la inauguración de los Juegos Olímpicos. Ni siquiera fue la inauguración de cien Juegos Olímpicos juntos.

Fue lo imposible. China hizo lo imposible y le dijo al mundo: aquí estamos, mírennos, somos capaces de todo. Si se dan los cálculos de algunos especialistas, que sugieren que China pasará a ser la primera potencia del mundo en 2025, tal vez ayer se haya escrito el prólogo de ese cambio de hegemonía. Si Estados Unidos y Europa son el presente, China huele a futuro.

La imagen del final, la del ex gimnasta Li Ning eyectado a la atmósfera, volando por el medio del estadio Nido de Pájaros y caminando por el aire para encender el pebetero olímpico, tiene mucho de simbólico: China mira para arriba, China conquista el espacio, China desafía la ley de gravedad, China levita.

Lo fascinante de China es que, además de futuro, le sobra pasado. Lo de ayer fue eso: un repaso de historia, un adelanto del futuro, una discoteca en vivo, una lección de escenografía, un máster en vestuario, una torre de Babel. Y todo desmesurado, todo gigantesco, todo chino.

Pekín está a 220 voltios pero, visto con la perspectiva de un futbolero argentino, el Nido de Pájaros es una bendición para todos los que llegan con taquicardia a la tercera bandeja de la Bombonera. Para entrar al estadio olímpico de Pekín casi no hay que subir escaleras: está construido por algunos metros debajo del nivel de la ciudad. Los periodistas, destinados al primer anillo, incluso tienen que bajar.

Hay 35 grados a las 8 de la noche del 8 de agosto de 2008. Menos mal que no hay 88. Pero los 35 parecen 88: son pegajosos, la tribuna se derrite. Gustavo Flores, enviado del diario Hoy de El Salvador, propone un juego: “Vamos a darle un premio al periodista que no tenga la camisa transpirada”. El premio queda desierto y encima se desmaya la rubia de Letonia.

Se prende la iluminación del estadio. Hora de comenzar: 2008 percusionistas tocan 2008 fous, un instrumento antiguo con caja de bronce. La música se fusiona con la luz y, con cada golpe que recibe, el fou se enciende y se arma la primera escenografía de la noche.

El campo de juego se transforma entonces en un inmenso cartel luminoso: 60. Diez segundos después, los músicos forman el 50. Diez más tarde, el 40. 30. 20. 10. 9. 8. 7. 6. 5. 4. 3. 2. 1. Booooom: fuegos artificiales, fuegos artificiales, fuegos artificiales. Largan de la plaza de Tiananmen, siguen en otros 28 puntos de Pekín y terminan en el Nido de Pájaros. China está iluminada. Es su Big Bang.

A las 8.08, la bandera de China entra al estadio. A esta hora, con los registros civiles cerrados, ya serán marido y mujer las 14.983 parejas que, atraídas por el número de la buena suerte, quisieron casarse ayer.

Los fuegos artificiales recuerdan que este país inventó la pólvora, pero también la tinta: sobre el césped se despliega un pergamino. Cinco mil años de historia se intentan explicar en cuatro horas de ceremonia. Se recrea la ruta de la seda. Duendes de colores levantan los anillos olímpicos. El taichi, que simboliza la armonía entre el hombre y la naturaleza, gana la escena. Un dragón vuela encima de los 91.000 espectadores. La ópera de Pekín se hace escuchar. El Nido de Pájaros a veces es un teatro. Otras, una película. Siempre, alucinante.

Los tres cerebros de la ceremonia son Zhang Yimou, director de cine chino; Iko Ishioka, vestuarista japonés; y Mark Fisher, escenógrafo inglés. La organización entrega una carpeta con los datos de la fiesta. Los datos abruman: hay 15.000 artistas en escena, 30.000 fuegos artificiales, la preparación de la fiesta comenzó hace siete años y costó cien millones de dólares. Puf. Cuando empieza el desfile de países, se sabe que las delegaciones no serán 205, como se había anunciado ayer, sino 204: Brunei no mandó ningún atleta.

Los griegos, como siempre, son los primeros en salir: es un guiño a la historia. Todo esto no habría sido posible si los antiguos helénicos no se hubieran juntado en Olympia, en el año 334 antes de Cristo, para competir en 13 deportes. Sus herederos entran al Nido de Pájaros como si estuvieran en el Mediterráneo: trajes blancos, estilo marino, piel bronceada.

Guinea Bissau sólo tiene cuatro deportistas. Un remise les alcanzaba para llegar al estadio. Detrás, caprichos del alfabeto chino, le toca a Turquía. Entre los turcos y los griegos hay mala onda, y no sólo en lo deportivo: la división de Chipre es el mejor ejemplo. A unos y otros, cada país con más de 80 representantes, sólo los separan los cuatro muchachos de Guinea Bissau. Ni a propósito.

Llega Israel y es un ejemplo, de la misma manera en que después lo serán Irak, Irán y Siria. Es el momento de Japón y de su primer ministro, Yauso Fukua, que saluda a sus deportistas con devoción de geisha. Un momento esperado: la delegación de Taipei, que quiso llamarse Taipei, pero los chinos se salieron con la suya y en el cartel de presentación escribieron “China Taipei”.

Desde las tribunas hay aplausos. Enseguida sale Hong Kong, y es anunciado como China Hong Kong: más aplausos del público. Le toca a Gambia y nada, ni siquiera indiferencia. Es como si nadie se hubiese enterado, lo cual supuso una enorme injusticia para su abanderado, que desfiló con anteojos negros no de sol, sino de boliche after hours. Los de Benin usan esa especie de pijama tan popular en África: ropa suelta, bordó estridente y gorros dorados.

África pura. Los de Dinamarca son más pulcros (o aburridos): adelante, las chicas de blanco, atrás, los chicos de rojo. Entra Uruguay y dos atletas saltan descontrolados, al ritmo de la murga. La gente está feliz y disfruta, excepto la locutora del estadio, a quien le cuesta horrores pronunciar el nombre de los países: el de Uruguay fue algo así como “iuguguá”. Llega Brasil y saluda Lula. Entra Paraguay y las cámaras eligen a Leryn Franco, una de las atletas más lindas de los Juegos.

El desfile de los palestinos es un símbolo. Y también una esperanza: sus cuatro representantes caminan de la mano y no se sueltan durante los 400 metros de recorrido. Para Cuba hay ovación: es uno de los países más queridos, aunque el comunismo de un lugar sea tan distinto al del otro. Los de Burundi entran con plumas y los de Qatar, como jeques árabes: todos usan túnica blanca.

Lo que sigue es fascinante: a Ruanda, uno de los países más sufridos del mundo, le sigue Luxemburgo, el de mayor PBI per cápita. El contraste debería ser mayúsculo, pero no lo es: vaya a saberse quiénes son más felices. Ahora viene India, el de la paradoja: ¿cómo puede ser que el segundo país más poblado del planeta, con más de 1.100 millones de habitantes, apenas presente 40 atletas en la ceremonia de apertura?

Las nigerianas bailan, las españolas parecen azafatas con esos moños, una chica de Djibouti entra con lentejuelas sobre los ojos, Nepal exhibe su extraña bandera triangular, la única no rectangular del mundo, Suiza entra con Roger Federer y Máxima Zorreguieta se excita cuando entra Holanda y agita un pañuelo naranja como si estuviese en el Monumental.

Y entra Irak: aplausos, muchos aplausos. El dolor genera respeto, o tal vez compasión. ¿Cuántos familiares y amigos habrán perdido esos atletas durante los últimos años? Es el tiempo de Corea, y aquí hay un problema: los del Norte no quisieron desfilar con los del Sur, como estaba previsto, y pidieron salir cuatro países por detrás. Para los norcoreanos, hay una ovación. Para los del Sur, nada.

Un rato después de los argentinos llegan los estadounidenses: hay aplausos, hay silbidos, fallo dividido. El que pierde por nocaut es George W. Bush: la silbatina es fuerte, unánime. La elección del abanderado fue la última provocación: López Lomong, atleta, mediofondista, fue refugiado sudanés hasta los seis años, cuando se escapó a Estados Unidos. Entre China y los de Bush hay tensión, entre otros temas, por el apoyo de los asiáticos a Sudán.

Ya no falta nadie: el Nido de Pájaros es el centro del mundo. La ceremonia es un canto de paz y una paloma vuela hacia el cielo de Pekín. Pero en el resto del mundo hay problemas: en Turquía, una persona se inmola frente a la embajada china.

En India, los refugiados tibetanos multiplican sus protestas. A propósito: ¿dónde estará el Dalai Lama en este momento? También en París, Madrid y varias capitales más, miles de personas se pronuncian contra los atropellos de China. Pero es difícil que esas protestas prosperen. China, además de haber inaugurado los Juegos Olímpicos, le acaba de decir al mundo que es capaz de todo. Hasta de lo imposible.

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